jueves, 11 de noviembre de 2010

Busco esta canción y encuentro este vídeo:



Javier Ruibal tocando en casa (En el Pay-pay de Cádiz, ciudad donde vive), interpretando mi canción favorita. Esta canción siempre me emociona y muchas veces me ha hecho llorar. De hecho ahora estoy cerca de llorar. Le veo en este vídeo y veo a alguien, a una persona haciendo toda esta belleza. Tiene la mejor guitarra posible, me encanta su gusto y su exigencia. Tiene un efecto que hace que suenen cuerdas (violines) mientras toca la guitarra. Me gustaría haberle dicho que me encanta lo que hace, pero es tan modesto que apenas se le puede alagar. Ahora le diría que me parece un maestro en acto, es decir, alguien que ejerce su maestría con el fin de emocionar al publico, a nosotros, a los que vamos a verle en directo porque nos pone.

En este preciso momento pongo la versión del disco Contrabando, que es la que conozco, la que me ha hecho llorar.



Escucho esta versión platónica de la canción y siento nostalgia y apego por ella. Es preciosa, es magnifica, tan mía, tan llena de un amor que comprendo y siento al escuchar. Este disco en general me parece excelente. Y ver a Javier Ruibal tocando mi canción favorita, ha sido muy agradable, porque ha llevado al directo la belleza necesaria para que la canción siga teniendo valor. Ya sé que esto lo hacen todos los artistas, pero verlo es esperanzador.

Hay artistas que me sirven de referencia, ellos hacen lo que yo quiero hacer, verles actuar es una clase para mí, porque con sus discos he sentido cosas, he vibrado. Ellos son, además de Javier Ruibal, otros como Jorge Drexler, Sabina, Lichis, Fito Paez, Silvio Rodríguez y un mediano etcétera, personas que saben hacer canciones y cantarlas en público emocionándonos.

Este sábado viene Antonio de Pinto al Savor, otro que sabe hacerlo.

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